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NUEVA MÚSICA SUBIDA A ESTE PORTAL (25 DE AGOSTO, 2026): * OTRO DISCO DE LA DANZONERA LA PLAYA EN CONCIERTO

UNA MERCANCÍA LLAMADA “DANZÓN”
UNA MERCANCÍA LLAMADA “DANZÓN”
Por Luis Pérez “Simpson”
Extracto del Boletín Danzón Club No. 199 (Septiembre, 2026)
La idea de “etiquetar” al danzón como una “mercancía” puede resultar incómoda e incluso “irrespetuosa”, pero en realidad es algo tan común que se manifiesta a simple vista y que nadie debería escandalizarse por semejante atrevimiento.
Cuántas veces hemos escuchado o leído la trillada frase “El Danzón es Arte” y, claro desde un punto de vista académico, tienen razón, ya que es por su naturaleza una fusión de música y danza. Pues bien, siendo arte, también adquiere un valor de cambio en el mercado, convirtiéndose en un activo sujeto a inversión, especulación y consumo.
El arte, muy a pesar de que su propósito original es lo estético o expresivo, el sistema económico lo ha transformado en un “producto de estatus” y el mismo mercado convierte lo sublime en un producto y lo intangible en una mercancía.
Para no ir más lejos, el arte, (en este caso el danzón), también se rige por las leyes del mercado que son “oferta y demanda” y, esto nos obliga a plantearnos una inquietante pregunta:
¿Qué le sucede al arte cuando deja de expresar para convertirse en un negocio?
Podríamos llegar a una conclusión ineludible: “cuando el lucro domina al arte, este deja de ser un vehículo de expresión humana y se transforma en un símbolo de estatus y en una herramienta del mercado”. Bajo este criterio, el danzón es un caso muy descarado de "música del pueblo secuestrada por el mercado".
El baile también es mercancía:
El baile es arte del cuerpo y, “La mercancía es el cuerpo del arte vendiéndose”. Y ahí radica este tremendo razonamiento.
Es cierto que el baile puro no se vende, por ejemplo cuando bailas en tu pieza, en una plaza pública con un amigo o amiga, no hay precio solo hay tiempo, abrazo y música, es una experiencia y por ende no es mercancía, no se puede “empaquetar”, sin embargo, el baile se convierte en mercancía cuando entra al mercado.
Las clases de baile de danzón son un claro ejemplo, se cobra por hora o por clase, “se enseña para aprobar, para exhibirse pero, no para sentir”.
Otro ejemplo, son los salones de baile donde tienes que pagar para bailar con orquestas en vivo.
A mediados del siglo pasado, el danzón era el rey de los cabarets y los asistentes a dichos antros, tenían que pagar por entrar y aparte pagarle a la “Fichera” por pieza.
Otro caso no tan frecuente en el danzón son los espectáculos de obras musicales teatrales, donde se “supone” participan bailarines profesionales de buen nivel en algunos casos ejecutando acrobacias y, obviamente se tiene que pagar la entrada.
Aunque parezca “bizarro” en México, las “coreografías grupales de danzón” (que nada tienen que ver con espectáculos profesionales en teatros) presentadas generalmente en las “Muestras Nacionales de Danzón”, se invierte la regla, ya que en la mayoría de los casos son los mismos grupos coreográficos los que pagan al promotor por exhibir su rutina ante un público en su inmensa mayoría formado por los demás grupos participantes del evento.
Haciendo un hipotético ejercicio comercial, el filósofo y economista alemán K. Marx diría: “cuando el baile se vuelve mercancía, le sacan el ‘valor de uso’ (bailar por placer) y solo le queda el “valor de cambio" es decir lo que se tiene que pagar por esta mercancía.
La música como otro ejemplo de mercancía:
De hecho, no toda la música es mercancía, la música pura no se puede vender, una melodía silbada no tiene precio, el sonido va en el aire. La música en sus orígenes era un rito, fiesta o un lamento, es la practica pura, y, como dice la frase popular: "donde hay silencio, la música todavía es libre" en las partituras el silencio es el espacio vacío entre las notas.
La música se vuelve mercancía cuando la encierran desde el disco, la radio, spotify, etc., es decir es un producto que se vende.
Las orquestas, cantantes e incluso hasta los “sonideros” cobran ya sea por hora o por evento y por supuesto, tienen que adaptarse a lo que demanda la ley del mercado: “lo raro no se vende, lo que ya vendió, se repite” y este fenómeno es común en las orquestas de danzón llamadas “Danzoneras” tienen que repetir los danzones “clásicos” o, los que les gusta a los bailadores para poder comercializar sus producciones discográficas, pero ahora se enfrentan a un problema de mercadotecnia, ya el CD es obsoleto, todavía algunas “Danzoneras” graban sus nuevas producciones en formato CD, y ellas mismas se vuelven vendedoras de este producto aprovechando el espacio de sus presentaciones. También ahora es usada la memoria USB en sus grabaciones. La triste realidad es que las grandes compañías disqueras ya no buscan a las Danzoneras, por la simple razón que el danzón
ya no es rentable, volvemos a la ley de la “oferta y la demanda”.
Ahora en la era digital la música de danzón se empaqueta en formatos digitales y plataformas de reproducción para su venta constante.
Desgraciadamente, el danzón se volvió tan "elegante" que dejó de ser rentable y en cambio, la cumbia se volvió tan callejera que factura millones, es decir:. “La mercancía castiga lo que no se adapta”.
Otro aspecto del danzón música como mercancía son los llamados danzones por encargo, el “compositor” vende sus composiciones al “vanidoso demandante” aunque en la mayoría de los casos estas composiciones son verdaderamente carentes de calidad y pasan a ser intrascendentes.
El mercado musical y dancístico del danzón no es malo, por el contrario es una fuente de ingresos tanto para músicos, compositores, orquestas, compañías grabadoras, profesores de baile, coreógrafos, promotores de eventos hasta vendedores de vídeos, fotos, abanicos, zapatos, vestimenta, hoteleros, restauranteros, promotores de viajes a los eventos de danzón, etc., sin embargo, todo esto se ha convertido en algo que podríamos llamar “La Industria del Danzón”, que a decir verdad esta “industria emergente” es la que hoy en día sostiene al Danzón en México.
Sin embargo esta mina de oro llamada “La Industria del danzón” convirtió “involuntariamente” a este ritmo “cachondo” y arrabalero en una especie de "elegancia enlatada".







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