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“ENTRADAS Y REMATES” EN EL NUEVO
DANZÓN A LA MEXICANA

“ENTRADAS Y REMATES” EN EL NUEVO DANZÓN A LA MEXICANA
Por Luis Pérez “Simpson”

Extracto del Boletín Danzón Club No. 193 (Marzo, 2026)


Desde finales de la década de 1980, comenzó a incubarse en México una nueva forma de bailar el danzón, misma que rompió con la forma natural y espontanea en que se bailaba este ritmo desde que llegó a este país a finales del siglo XIX, o principios del siglo XX. Dentro de todo el “bagaje dancístico” de este “neo-danzón mexicano” surgieron unas grotescas figuras llamadas “entradas y remates”, mismos que se han convertido para bien o para mal en una “costumbre” practicada invariablemente tanto en las escuelas de baile como en los demás espacios de baile donde se baile danzón. Sin duda, las “entradas y remates” son un marcado distintivo del “neo-danzón escolar mexicano”.


No se sabe a ciencia cierta quién tuvo esta “flamante idea”, pero, es muy probable que algún profesor de baile (de esos que montaban bailes para quinceañera) se le ocurrió agregarle al baile de danzón estas “grotescas” “entradas y remates”, a fin de darle cierta “dinámica y espectacularidad” a los estribillos y a la parte final de los tiempos de baile, especialmente para las rutinas teatrales (surgidas de este nuevo “danzón plástico o artificial”) y, que son parte del catálogo de pasos y figuras (no estandarizadas) que difieren en número y forma según el “nivel y calidad académica” de la escuela de baile. Quien no haga este “ritual” de entradas y remates así como los demás pasos escolares, será blanco de las “críticas” basadas en el falso y muy trillado argumento de que “esos no saben bailar danzón”, pero, deberían saber estos “expertos críticos conocedores” que no hay reglas escritas para bailar danzón, por más que se han hecho intentos impotentes por estandarizarlas.
 

Desgraciadamente esta costumbre “coreográfica teatral” de hacer “entradas y remates” poco a poco se fue propagando como una “epidemia” tanto en los salones de baile como en las plazas públicas, es decir que una figura diseñada exprofeso para teatro “irrumpió” y “profanó” el hábitat por excelencia del danzón, que es el “Salón de Baile”, afortunadamente los cabarets se salvaron de esta “moderna” manera de bailar.
 

Les digo esto con absoluta certeza, ya que fui testigo de esta transformación desde la primera vez que asistí al Salón los Ángeles allá a finales de la década de 1970 hasta la fecha. Recuerdo muy bien las palabras de un famoso bailarín de la vieja guardia que al darse cuenta de este fenómeno decía “con estos desfiguros de entradas, remates, floreos, etc., el baile de danzón lo han ‘afeminado’, solo falta que se pongan zapatillas de ballet”.
 

En cuanto a las “entradas”, estas tienen un aspecto contradictorio ya que le quitan “irresponsablemente” el propósito original del danzón como “baile sensual y alcahuete” que era precisamente aprovechar las pausas de 32 compases para que la pareja pudiera charlar brevemente o que el caballero pudiera “cortejar” a la dama sin la incómoda intervención de la “chaperona”. Ahora con esas poses de apertura que se manifiestan en el “cedazo”, la pareja casi ni se mira a los ojos, permanecen unos compases con la mirada fija hacia el frente como “estatuas de marfil” y, en los últimos compases del “estribillo o cedazo”, hacer la “pirueta” de entrada abierta.
 

Estas dichosas entradas abiertas las tenemos en una gran variedad de presentaciones, con vueltecita o de doble vueltecita, entre más “garigoleada” sea la entrada tendrá más impacto ente el público, máxime si se le adiciona el movimiento del abanico. Bueno, de los males el menos, ahora la tendencia es quitarle ese “barroquismo” y hacerlas más simples, ya sin vueltecitas.
 

Se dice que el ilustre veracruzano, músico, director de orquesta, compositor y arreglista, Memo Salamanca no le agradaban esas “entradas” en el danzón y, decía dirigiéndose a las parejas de bailarines, palabras más palabras menos lo siguiente: “no hagan esas pausas, sigan bailando y mejor aprovechen esos compases bailando abrazando a su pareja”, me parece una excelente recomendación, pero, casi imposible de llevarla a cabo hoy en día. En el danzón de ritmo nuevo (1937) y las subsecuentes propuestas de danzón como el “danzón-cha”, ya no aparecen esas pausas, pero las Danzoneras se empeñan en ejecutar y componer danzones con la estructura musical “Urfeliana” de 1910, que es la preferida de los profesores de baile y “coreógrafos monta-rutinas”.

Por otra parte, tenemos la mancuerna de las “entradas” que son obviamente los “remates”, abiertos o cerrados, los cuales, lo mismo que las entradas las tenemos presentes cuatro veces en un danzón, claro, con Danzonera en vivo generalmente en los salones de baile o plazas públicas y, digo cuatro, ya que desde hace tiempo se adoptó como “ley” repetir el montuno con lo que se tienen 4 tiempos de baile, curiosamente esto no sucede en las presentaciones teatrales, que son el motor de las “Muestras Nacionales de Danzón o similares” donde solo permiten un montuno tal y como lo marca la estructura musical de José Urfé, ya de por sí, son horas de aburrimiento viendo casi lo mismo, grupo tras grupo, imagínense el tedio con doble montuno.

 

Curiosamente los remates tienen mayor peso que las entradas, tan es así, que por lo general en un concurso de danzón, la pareja que falle un remate queda descalificada “ipso facto”, aunque en el tiempo de baile lo haya ejecutado a la “perfección”. El remate es el “coco” de los bailarines principiantes, pero, nadie se salva, hasta profesores afamados han fallado en el “fatal” momento de rematar.
 

Ahora, son más vulnerables los bailarines ya que ha surgido la perversa moda de “componer “danzones irregulares” con remates que se salen de lo normal, compuestos con cierta dosis de “sadismo” y, que sirve para aumentar la arrogancia de quienes lo ensayaron muchas veces, lo aprendieron de memoria a fin lucirse ante las demás parejas, ¿Qué necesidad hay de esto? Lo grave es que el público les aplaude, evidenciando tanto su desconocimiento en apreciación musical, como el de la historia misma de este cubanísimo ritmo.
 

Por supuesto que no faltan bailarines, “neo profesores” y promotores que tienen la idea que tanto las “entradas y remates” son imprescindibles para bailar danzón, nada más falso que esto y, me remito al valioso legado testimonial que nos ofrecen todas las películas donde aparecen escenas de gente bailando danzón y, les diré que en ninguna de ellas aparecen estas “estrafalarias figuras”.
 

Veamos, tomando como ejemplo la película “Danzón” (1991) en cuyas escenas tanto en la pista del legendario Salón Colonia, como en el Parque Zamora de Veracruz dichas florituras de “entradas y remates abiertos” brillan por su ausencia, es decir no se estilaba hacer semejantes desfiguros, sin embargo, hay que apuntar que en la misma película, se puede observar la ejecución de un “danzón de exhibición” a cargo del legendario maestro Enrique Tapia (QEPD), donde remata de manera abierta para darle espectacularidad a su número, claro, esta exhibición la hizo en un lugar apartado de la pista, esto hay que tomarlo como un hecho aislado y ex profeso para dicho filme, pero, significativo de la incursión de esta nueva forma de bailar danzón que se distingue por su marcada tendencia al “exhibicionismo”. Algunos conocedores coinciden que el maestro Enrique Tapia fue el iniciador o uno de los iniciadores de esta nueva forma de bailar danzón a la mexicana. Ni modo, hay que aceptarlo:


Las Entradas y Remates llegaron para quedarse “per sécula seculórum”

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